martes, 8 de marzo de 2011

(PCPE) Contra el capitalismo y el patriarcado, hacia el socialismo!


El capitalismo decadente, en descomposición y en crisis estructural golpea a la clase obrera a través de los gobiernos de turno que actúan como sus consejos de administración,  implementando medidas para tratar de  no ver reducida su tasa de ganancia (privatizaciones, recortes sociales, aumento de la edad de jubilación, abaratamiento del despido, subvención  a las cuotas empresariales de seguridad social, etc).

Medidas que inciden especialmente sobre las trabajadoras que, como  eslabón más débil de la cadena productiva, viven instaladas en la desigualdad y sobreexplotación del mercado laboral:

-    Discriminación salarial representada en un salario medio femenino inferior en un 22% respecto al masculino, que es de un 37% menos entre las  trabajadoras jóvenes y llega  a ser de un 50% entre las inmigrantes.
-     Acoso sexual.
-    Son mujeres más  del 77% de los ocupados a  tiempo parcial.
-    Trabajan en la economía sumergida más de un millón de mujeres.
-    La tasa de ocupación femenina  es del 52,60% y el paro se sitúa ya en el 20,79%. Siendo  entre las mujeres inmigrantes del 29% y en las jóvenes del 61%.

Como manda el patriarcado las mujeres soportamos  el trabajo doméstico, las tareas reproductivas y las de cuidados casi en exclusiva. Así, además  de estar entrando y saliendo continuamente del mercado laboral entre los 25 y 44 años para el cuidado de hijos,  el 85% de las excedencias son solicitadas por mujeres para el cuidado de familiares. De esta forma, se aleja de nuestro horizonte la   obtención de  una pensión  pública que nos garantice una vejez digna y no de exclusión y pobreza. Pensiones ligadas a permanencia en el mercado laboral de manera ininterrumpida, con carreras largas y estables chocan frontalmente con la realidad laboral de las mujeres. En la práctica, pese a las cacareadas leyes conciliadoras, se imposibilita para nosotras el compatibilizar empleo, cuidados y jubilación.

El patriarcado, con la división sexual del trabajo,  invisibiliza socialmente el trabajo doméstico y de cuidados.  Con   la construcción cultural y social de dos géneros con roles diferentes se  facilita  la consideración del género femenino como de inferior categoría humana y laboral. La presencia secundaria de la mujer en el mercado de trabajo  y el papel asignado en el marco de la familia patriarcal, como  reproductora de la fuerza de trabajo,   coloca  a las  trabajadoras en una situación especial de opresión, de exclusión social y de dependencia económica del marido.

Las trabajadoras soportamos  las consecuencias más duras que la crisis capitalista impone al conjunto de la clase obrera. La necesaria respuesta que debemos articular con el conjunto de la clase es para nosotras un doble esfuerzo;  pues la doble jornada para conciliar empleo y reposición de la fuerza de trabajo  repercute negativamente en nuestra  capacidad de intervención  en las luchas obreras y populares, dificultando nuestra imprescindible participación en la batalla  contra el capitalismo y contra el patriarcado.
La única vía para enfrentar la crisis capitalista  es  la lucha por un proyecto revolucionario comprometido con la emancipación de las mujeres, capaz de integrar  la lucha general de la clase obrera por el socialismo y  la lucha específica por el fin del patriarcado.

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